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Por: Beto Villa
La Serie del Caribe es la única actividad en el
mundo que une a ligas de béisbol profesional de
distintas naciones jugando entre sí para proclamarse
campeones de su región. Tras concluir el torneo de
cada una de cuatro naciones, que componen hoy en día
la Confederación del Caribe, los ojos del Caribe y
del mundo se enfocan en este clásico que presenta un
béisbol de calidad.
Por una feliz coincidencia, le correspondió a
Carolina, Puerto Rico ser anfitrión de esta Serie
del Caribe, la número 49 en su especie. Si algún
miembro de la Confederación del Caribe merece ese
honor es la Liga de Béisbol Profesional de Puerto
Rico, copionera de las gestiones para la integración
del organismo, participante en la primera etapa de
estos clásicos que se extendió desde 1949 a 1960 y
forjadora de la segunda etapa iniciada en 1970.
Pocos eventos latinoamericanos pueden vanagloriarse
de haber cumplido casi medio siglo, un hecho que
resulta más significativo cuando se enumeran las
dificultades que han sido superadas durante ese
largo período de tiempo. Hubo momentos en que
justificadamente se temió por su desaparición; pero
siempre surgieron soluciones que han hecho posible
su permanencia.
Para buscar las raíces de estos torneos anuales hay
que remontarse al mes de octubre 1945, cuando Branch
Rickey firmó a Jackie Robinson asignándolo a los
Royals de Montreal en las ligas menores, poniendo
término a la detestable discriminación racial en el
béisbol profesional. Hasta entonces las ligas
invernales latinoamericanas se nutrían básicamente
de jugadores afroamericanos y la apertura iniciada
por el gerente general de los Dodgers de Brooklyn
significaba el eventual control de las figuras
estelares, un hecho que limitaría el material humano
que por largos años había sido el mercado natural
caribeño.
El
18 de octubre del 1946, se inauguró en Caracas,
Venezuela, la primera Serie Interamericana, idea del
comerciante venezolano Jesús Corao. Esta serie se
jugaba por un mes y los equipos que competían eran:
Sultanes de Monterrey, México; All Cubans, Cuba;
Bushwicks, Estados Unidos; y Cervecería Caracas,
Venezuela. Entre las estrellas negras que actuaron
en esos clásico, el aficionado pudo ver a figuras
como Jackie Robinson, Parnell Woods, Buck Leonard,
Quincey Trouppe, Roy Campanella, Marvin Barrer, Sam
Jethroe, William Anderson, cuya actuación nunca
olvidan los venezolanos de los años cuarenta.
Este rotundo éxito de la Serie Interamericana
entusiasmó a los empresarios venezolanos Oscar
Prieto y Pablo Morales, quienes idearon la creación
de la Serie del Caribe. Prieto y Morales presentaron
la idea en Miami ante una convención de la
Confederación de Béisbol del Caribe, conformada por
Cuba, Panamá, Puerto Rico y Venezuela. El 21 de
agosto de 1948 en La Habana, Cuba, se firmó el
acuerdo para crear la Serie del Caribe. La
estructuración de este bloque se concibió para
defender los intereses de esos cuatro circuitos
caribeños que en aquellos días celebraban torneos
invernales. Se acordó celebrar una serie anual,
rotando la sede y se escogió la ciudad de La Habana
para escenificar la primera en febrero de 1949,
señalándose la segunda para San Juan, para continuar
con Caracas y finalizar la ronda en Ciudad Panamá.
Un formato de 12 juegos, enfrentándose cada equipo
dos veces a sus rivales, fue el seleccionado para
jugar el torneo.
¡PRIMERA ETAPA! Los equipos de Venezuela
(Cervecería Caracas), Panamá (Refresqueros de Spur
Cola), Puerto Rico (Indios de Mayagüez) y Cuba
(Alacranes del Almendares) conformaron la cuarteta
que dio inicio a este clásico caribeño. El primer
juego se realizó el domingo 20 de febrero de 1949,
en el Estadio del Cerro, hoy conocido como Estadio
Latinoamericano, entre Panamá y Puerto Rico. La
ceremonia del primer lanzamiento la hizo el
Presidente de la Asociación Nacional de Ligas
Menores de Estados Unidos de Norteamérica, George
Trautman. En la segunda tanda se midieron Venezuela
y Cuba. El primer hit del evento lo dio el
norteamericano Leon Treadway del Spur Cola, a su
compatriota Wilmer Fields del Mayagüez. En ese juego
inaugural Spur Cola derrotó a Mayagüez con pizarra
de 13 a 9. En el segundo encuentro Cuba masacró a
Venezuela con pizarra de 16 carreras a 1. La única
anotación venezolana la produjo Dalmiro Finol con el
primer jonrón de estos clásicos, siendo la víctima
el cubano Conrado Marrero del Almendares. El
"Goajiro" Marrero lanzó toda la ruta para llevarse
la victoria. Los Alacranes del Almendares
conquistaron ese primer evento invictos, seis
victorias. El lanzador del Almendares, el cubano
Agapito Mayor, fue premiado como el Más Valioso, al
obtener tres victorias, récord que prevalece en
Series del Caribe. El Cervecería Caracas con puros
criollos quedó de subcampeón. Cuba barrió la Serie
con ofensivas de 11, 13 y 16 anotaciones, una
blanqueada de Eddie Wright, tres juegos ganados por
Agapito Mayor y 11 carreras remolcadas de Monte
Irvin.
Esa
histórica primera etapa, que proporcionó sólidas
raíces al evento al lograrse éxitos rotundos cada
año, terminó abruptamente en 1960, cuando la Liga
Cubana se vio imposibilitada de cumplir el
compromiso de celebrar el clásico de 1961,
presionada por el nuevo sistema de gobierno que
habían asumido el poder en 1959 y que eventualmente
erradicaron los deportes profesionales.
De aquellas Series queda el recuerdo de proezas
individuales que contribuyeron a glorificarlas,
creando la mística que hace posible la leyenda.
Después de diez años de haber desaparecido la Serie
del Caribe volvió a la vida, en gran parte a las
gratas memorias que dejaron las 12 celebradas
durante el periodo comprendido entre 1949 y 1960.
Las tres victorias obtenidas por el lanzador cubano
Agapito Mayor desde el montículo del Almendares en
la primera Serie del Caribe, una hazaña difícil de
igualar; en 1950 el triunfo inesperado de los
Licoreros de Carta Vieja de Panamá, equipo que en
San Juan, Puerto Rico, quedó campeón al derrotar en
un juego extra a los Criollos de Caguas; el
astronómico promedio de .619 del cubano Lorenzo
"Chiquitín" Cabrera (Habana) para ganar el
campeonato de bateo en 1951 en Caracas; el juego sin
hits ni carreras del norteamericano Tommy Fine
(Habana) frente al equipo de Venezuela (Cervecería)
en 1952 en Panamá; los cuatro cuadrangulares del
legendario Willard Brown (Santurce) en La Habana en
1953; el memorable jonrón de Willie Mays (Santurce)
en la undécima entrada para darle el triunfo a
Puerto Rico, después de haber fallado en sus 12
primeros torneos durante la Serie de 1955 en
Caracas; y los 17 ponches de Juan "Terín" Pizarro
(Caguas) frente al conjunto de Panamá en 1958 en San
Juan. Estos acontecimientos fueron momentos
históricos de una cadena de acontecimientos que
integraron el legado recogido por el Licenciado
Rodrigo Otero Suro "Güigo" para hacer posible la
reanudación de la Serie del Caribe en 1970.
En la década transcurrida entre una y otra etapa
hubo algunos intentos frustrados por presentar
torneos con la inclusión de dos equipos
representativos del país sede; pero fue el
visionario "Güigo" Otero Suro quien abrió
exitosamente las puertas a una renovada Serie del
Caribe. Convenciendo a los incrédulos que al
principio se opusieron al proyecto, el respetado
líder puertorriqueño agrupó en la Confederación a
República Dominicana y a la Liga Invernal mexicana
para llenar la ausencia dejada por Cuba y Panamá,
formando un nuevo cuarteto.
SEGUNDA
ETAPA. El parque de la Ciudad Universitaria en
Caracas, Venezuela, fue el escenario del inicio de
la segunda etapa de estos eventos en 1970. República
Dominicana ya se había unido a la Federación para
conformar el trío de naciones que jugó en esta
Serie.
Los dominicanos no habían figurado en la primera
etapa de las Series del Caribe porque en esa época
celebraban sus campeonatos durante el verano,
sistema que posteriormente cambiaron en 1955, a raíz
de la construcción de su nuevo estadio, Leonidas
Trujillo, hoy Estadio Quisqueya. México se inició
jugando en la Serie de 1971 en suelo puertorriqueño,
país que se había integrado a la Confederación del
Caribe a través de la Liga Mexicana del Pacífico.
Muchos pensaron en un principio, que su incursión
podía implicar riesgos de pérdidas económicas para
los equipos visitantes cuando la Serie
correspondiese a los aztecas, esto debido a su
logística. Pero los hechos han demostrado que los
temores eran infundados, al extremo de haber sido la
Liga Mexicana la que rescató la Serie en un momento
de crisis que puso en peligro su continuidad.
En ese sentido, esta segunda etapa de las Series del
Caribe no ha sido tan estable como la primera, pero
afortunadamente los problemas han podido resolverse
y las más recientes han sido plenamente exitosas. En
1974, Venezuela no pudo asistir al torneo celebrado
en México debido a un conflicto entre los dueños de
equipos y los jugadores, y los anfitriones
presentaron dos equipos. En 1981 el clásico, que
estaba señalado para Caracas, fue cancelado por
diferencias en cuanto a la participación económica
de los jugadores. Y las dificultades financieras de
parte de las naciones caribeñas en la década de los
ochenta las llevaron a declinar las sedes, pero
México siempre respondió y celebró en su tierra
cinco de las once Series del Caribe jugadas entre
1978 y 1989.
¡MIAMI! En 1990 y 1991, se realizaron
experimentos que fracasaron, cuando un grupo de
inversionistas llevó el evento a la ciudad de Miami,
presentándolo el primer año en el Orange Bowl, un
estadio de Fútbol Americano, con unas dimensiones
que oscilaba entre las 220 y 240 pies por el
rightfield, a diferencia de los 325 y 375 pies de un
parque normal de béisbol profesional. El segundo año
se jugó en el destartalado Estadio Bobby Maduro,
cuyo estadio se encontraba en una deprimente área de
Miami. Esta mala experiencia hizo que se corrigieran
los errores anteriores y se reorganizaran los países
integrantes del evento.
¡MEXICO! De nuevo el país azteca saca la cara
por el bienestar de la Serie del Caribe, montando
dos series seguidas. En 1992 la sede fue la ciudad
de Hermosillo, y en 1993 fue la ciudad de Mazatlán.
En 1994 se regresa a la rotación original, las
Series del Caribe habían recuperado la estabilidad.
Ese año se jugó en Venezuela en el Estadio Alfonso
“Chico” Carrasquel, ubicado en la ciudad balnearia
de Puerto La Cruz, la cual tuvo un tremendo éxito.
La Serie jugada en San Juan, Puerto Rico en 1995
tuvo asistencias excelentes y la participación de
estelares jugadores, ávidos de jugar pelota ante la
huelga de jugadores que paralizó el béisbol en
Estados Unidos desde agosto de 1994 hasta entrado
febrero de 1995. Tras esa Serie las confrontaciones
de los monarcas de las ligas invernales han revivido
la época romántica y goza cada día más de un
excelente respaldo de la afición en todos los países
participantes.
¡TELEVISION!
En 1997 la Serie del Caribe empieza a televisarse al
pueblo latinoamericano en los Estados Unidos,
gracias a la emprendedora gestión del empresario
puertorriqueño Ralph Paniagua Jr., quien a través de
Galavisión y tres años después por FOX Sports en
Español, comenzó a traer una cobertura completa del
clásico caribeño, cuyas transmisiones hasta la fecha
han sido muy exitosas.
¡HECHOS MEMORABLES! Desde la reanudación de
las Series del Caribe en 1970 se han archivado
momentos estelares. En 1971, el jugador-mánager de
los Tigres del Licey, Dominicana, Manuel Mota, ganó
los honores del mánager invicto, jardinero central
del equipo Todos Estrellas, líder de bateo, triples,
y Jugador Más Valioso… El relevista dominicano de
los Tigres del Licey, Federico "Chichí" Olivo,
ponchó a Reggie Jackson y Elrod Hendricks para ganar
el último juego y la Serie del Caribe de 1971, la
primera serie ganada por República Dominicana… Rico
Carty, jugando para los Tigres del Licey, conectó 5
jonrones en la Serie del Caribe de 1977, rompiéndole
la marca de cuatro que tenía Willard Brown,
Cangrejeros de Santurce, Puerto Rico, establecida en
la serie de 1953… El norteamericano Mitchell Page,
de los Navegantes del Magallanes, Venezuela,
jonroneó en el noveno inning del sexto juego de la
Serie del Caribe de 1979 para darle a Venezuela su
segundo título de Series del Caribe, ambas para
Magallanes… El 6 de febrero de 1980, en el Estadio
Quisqueya de Santo Domingo, el venezolano Antonio
Armas jonroneó con las bases llenas al grandeliga
dominicano Mario Soto, Tigres del Licey, para que
los Leones del Caracas vencieran a Licey 4 carreras
a 2, negándole ese día la corona, algo que lograron
los Tigres al siguiente día… El 5 de febrero de 1987
en Hermosillo, México, los Criollos de Caguas,
Puerto Rico, implantaron récord de jonrones en un
juego de Series del Caribe, con 8. Aún así perdieron
el juego ante las Aguilas Cibaeñas 14 carreras a 13…
¡Insólito! En la Serie del Caribe de 1991, los
Potros de Tijuana blanquearon a los Cardenales de
Lara a pesar de haberles permitido 10 hits. Este
tipo de “blanqueo” ha resultado, al igual que el No
Hit No Run de Tommy Fine en 1953, una de las hazañas
de mayor dificultad de lograr en la historia de las
Series del Caribe... El 6 de febrero de 1995,
Roberto Alomar, San Juan, Puerto Rico, bateó cinco
hits ante los Azucareros, Dominicana, y al día
siguiente ligó dos más en sus primeros turnos al
bate para acumular 7 hits consecutivos, récord en
Series del Caribe, hasta que fuera roto por Edgar
González, Mazatlán (2006) con 8… El inolvidable
“Equipo de ensueño” que presentó Puerto Rico en 1995
en San Juan, una constelación de súper estrellas de
las Grandes Ligas, la alineación incluía del primero
al noveno a Roberto Alomar, Edgar Martínez, Carlos
Baerga, Carlos Delgado, Juan “Igor’ González, Rubén
Sierra, Bernie Williams, Carmelo Martínez y Rey
Sánchez… Y muchos más.
La Serie del Caribe ha sido por años el evento
máximo del béisbol en primavera en todo el mundo.

¡LOS TIGRES! Este año en Santiago 2008, los
Tigres del Licey, el equipo subcampeón de República
Dominicana, se llevaron la corona del caribe, siendo
esta la 10ma vez que los felinos quedan como los
campeones de la Serie del Caribe, para darle a los
quisqueyanos su 17ma corona del caribe, el máximo
número de trofeos para un país. Las Aguilas fueron
los campeones de República Dominicana, pero en un
caso inédito, los Tigres conquistaron los máximos
honores del Caribe.
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